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Prometí pasar por acá a contar algunas de las anécdotas del nacimiento de Fabiana.



No es la foto más bonita, realmente estaba agotada, luego de hacer un trabajo de parto, lista para pujar y repentinamente cambiar a un plan totalmente distinto, una cesárea de emergencia. No me había preparado para esto.


Primera lección que me enseñó Fabiana:

Puedes tener muchos planes establecidos, y digo muchos, porque tiendo a establecer dos o tres más por si acaso, aún así la maternidad está llena de sorpresas, lo bueno del asunto es que siempre tendremos la capacidad para ajustarnos y adaptarnos, algunas veces con más facilidad y otras con más esfuerzo.


Luego de esto de sentirme muy asustada por la salud de ella y el cambio, la cirugía, ya no me acompañaría mi esposo, aprendí lo que para mí fue la segunda lección: el amor por un hijo (a) no se lleva los temores y miedos, pero te da la fuerza suficiente para enfrentarlos.


Y la anécdota más graciosa según mi doctor, quien fue maravilloso, a pesar de tener muchos años de experiencia, respetó y me acompañó. Y sobre todo me aguantó ????. Por eso contaba esta historia una y otra vez a mis familiares: yo salí del pabellón con un deseo que nada apagaba (no recuerdo si quiera los malestares de la anestesia), de estar con mi hija, de que me llevaran a la habitación para amamantarla y abrazarla. En la sala de recuperación, empecé a decirle al doctor que me dejara ir. Que ya estaba bien, debía pasar allí según las reglas mínimo 3 horas, le insistía que estaba bien, una y otra vez. Lo recuerdo decir: "Andreina me van a regañar. Te tengo que dejar aquí tres horas". Le pregunté si veía algún indicador de que podría ocurrir algo conmigo que no fuera favorable. El me miró y me dijo: "no creo que nada pueda en este momento pasar con ese deseo tuyo que tendrá un efecto totalmente positivo sobre tu cuerpo y recuperación". Se quedó conversando conmigo una hora para que me aguantara esa hora al menos.


Tercera lección. Ese momento al cargarla. Esta conexión será para siempre, y aquí será el mejor lugar para sanar.

 

Andreina.




Mi dos partos fueron súper diferentes en muchísimos aspectos, en mi primer parto estaba muy angustiada porque era mamá primeriza y tuve muchos cambios simultáneos en mi vida, de hecho cuando di a luz a mi primer hijo; a los 8 meses, me mudé de ciudad y tuve que cambiar de ginecobstetra y quería empedernidamente parir y me tocó cesárea. En el hospital todo fue muy difícil, ajetreado, confuso, médicos que se acercaban a pedirme papeles o hacerme preguntas sin decirme su nombre si quiera, a una compañera le preguntaron intempestivamente ?¿tu hijo es el del síndrome de down?? (cuando no era así, se habían confundido, generándole mucha angustia y preocupación a la señora), a otras las despersonalizaban diciéndole ?eres la del 501?? o les ponían nombre de procedimientos ?esa es la del legrado?. Todo este tipo de detalles deshumanizan el proceso que vivimos como mujeres. Por mi parte pasé mucho frío en el pabellón y confusión, porque no habían camas desocupadas en la habitación y estaba otro equipo entrando.

 


Sin embargo, hubo 3 grandes cosas que a mí me hicieron sentir acompañada:

1.       El anestesiólogo en el frío del pabellón me colocó su mano cálida en mi hombro, para calmarme, mientra?????s me colocaban la anestesia y me dijo en un tono de voz bajito al oído ?todo iba a salir bien?. Wow, que acompañada me hizo sentir esto.

2.       Una Dra. amiga monitoreó el proceso que estuvo pendiente de Santiago y me decía cómo estaba el bebé mientras yo me recuperaba, que cambio hace un poquito de información respecto a tu proceso o el de tu bebé.

3.       Mi madre acompañándome en la habitación, pendiente de nosotros, respetuosa y amorosamente de cada una de nuestras necesidades, sin invadir ni juzgar, sino desde el amor y la empatía.





Mi segundo parto fue súuuuper respetuoso, el ginecobstetra queridísimo, porque además habíamos sido compañeros de trabajo y fue muy cercano conmigo durante todo el control del embarazo, hizo del pabellón el más cálido, fresco y amoroso momento para mí, entre chistes de farándula y canciones, sentí mayor amor que miedo en este segundo espacio.


Tuve un parto respetado:

1.       Me sentí escuchada y acompañada por el Dr. durante todo el embarazo y parto.

2.       Estuve consciente durante todo el proceso, sintiéndome segura y tranquila.

3.       El acompañamiento de mi esposo, de mi hijo y de mi familia y amigos, fue amoroso y respetuoso.

4.       Tuve contacto directo con la beba y pude amamantarla inmediatamente, las enfermeras estuvieron atentas a todo este proceso.


Grecia.